Global gap y GRASP: novedades y errores que frenan auditorías 

Cuando una empresa nos llama porque tiene la auditoría cerca, casi nunca lo hace porque no haya trabajado nada. Normalmente ya hay controles, ya hay registros, ya hay responsables y ya existe una dinámica interna bastante asentada.  

El problema suele aparecer en otro sitio: en lo que se hace pero no se demuestra bien, en lo que se documenta a medias y en los puntos donde la operativa real no termina de encajar con lo que el auditor necesita ver.  

Y ahora eso pesa más, porque en fruta y verdura las auditorías IFA se realizan bajo IFA v6 Smart o IFA v6 GFS desde el 1 de enero de 2025, GRASP sigue vigente en v2, y la validación pública de certificados ya se consulta en el Supply Chain Portal tras la retirada de la antigua base de datos.  

Por eso este tema no conviene abordarlo como una explicación académica. Conviene tratarlo como lo que realmente es para muchas empresas: una preparación seria para llegar a auditoría con control.  

En Intasa trabajamos precisamente ahí, en el punto donde hace falta diagnosticar, ordenar, implantar y revisar para que la certificación no dependa de correr al final, sino de tener un sistema que aguante bien cuando alguien lo examina de verdad.  

Por qué hoy hablar de global gap no es solo hablar de cumplir, sino de llegar preparado a auditoría 

Hay una idea que conviene desmontar desde el principio. Cumplir no es lo mismo que llegar preparado. Una empresa puede estar haciendo muchas cosas correctamente en campo, en almacén o en gestión de personal y, aun así, presentarse débil a una auditoría porque no ha convertido ese trabajo en un sistema sólido.  

Y eso se nota especialmente cuando el estándar exige porcentajes de cumplimiento claros, plazos de corrección y coherencia entre registros, procedimientos y evidencias. 

En IFA, la certificación exige el 100% de los Major Must y al menos el 95% de los Minor Must; en GRASP, el productor debe cumplir el 100% de los Major Must y al menos el 70% de los Minor Must en el primer año y el 75% a partir del segundo.  

Eso cambia mucho la forma de prepararse. Ya no basta con pensar que “más o menos lo llevamos”. Lo que hace falta es saber dónde están las brechas reales antes de que las señale el auditor.  

En nuestra experiencia, la diferencia entre una auditoría tensa y una auditoría controlada no suele estar en un gran documento brillante, sino en un conjunto de pequeños detalles bien cerrados:  

  • Lotes que se siguen sin fisuras. 
  • Formaciones que dejan rastro. 
  • Personal que conoce lo que tiene que hacer. 
  • Documentación social bien soportada. 
  • Y un sistema documental que no se contradice a sí mismo.  

Esa forma de trabajar encaja con el enfoque de Intasa, que se apoya en consultoría técnica, implantación de protocolos, control documental y auditoría interna para preparar a la empresa con criterio.  

¿Qué está cambiando y por qué esto exige más orden interno? 

Cuando un responsable de calidad busca información sobre este tema, casi siempre lo hace con la sensación de que “algo ha cambiado” y necesita aterrizarlo. Y no va mal encaminado.  

El marco actual ya no es el de versiones anteriores: en fruta y verdura, IFA v6 es la referencia vigente, y GRASP v2 es el add-on social actual que se combina con esa base.  

Además, la validación del estado de los certificados se realiza hoy en el entorno del Supply Chain Portal, lo que refuerza la trazabilidad externa y la visibilidad del estado de certificación.  

Lo importante no es memorizar versiones por memorizarlas. Lo importante es entender que el sistema pide más orden interno, más coherencia y menos dependencia de la improvisación.  

Si una explotación o una central funcionan bien pero su documentación llega tarde, está dispersa o no conecta unas áreas con otras, el problema no es solo administrativo: se convierte en un riesgo de auditoría. 

El error de confiar en que “como ya lo hacemos, ya está cubierto” 

Este es uno de los errores más frecuentes y, además, uno de los más caros. Hacer una revisión, impartir una formación, comprobar una higiene o gestionar una incidencia no equivale a poder demostrarlo correctamente.  

En auditoría no se evalúan solo intenciones ni recuerdos. Se evalúan evidencias. Y una evidencia útil no es cualquier papel: tiene que ser completa, coherente, fechada, trazable y defendible cuando se cruza con otros registros o con la realidad observada en la visita.  

Ese es el motivo por el que tantas no conformidades aparecen en empresas que, sobre el terreno, sí estaban trabajando bastante bien.  

Los errores de global gap que más bloquean una auditoría 

Si tuviéramos que resumir dónde se atascan más auditorías, no hablaríamos primero de los grandes discursos sobre calidad. Hablaríamos de cuatro bloques muy concretos:  

  • Registros incompletos. 
  • Trazabilidad débil. 
  • Formación insuficiente y evidencias sociales GRASP mal documentadas.  

Son fallos distintos, pero tienen algo en común: suelen dar la cara cuando la empresa cree que ya estaba preparada. 

Registros incompletos: cuando la actividad existe, pero no se puede demostrar 

Aquí es donde más veces vemos caer la confianza del equipo. La revisión empieza y, sobre el papel, parece que todo está.  

Pero al entrar al detalle aparecen fechas que faltan, firmas que no están, controles sin cerrar, registros duplicados con datos distintos, documentos rellenados después y hojas que no se entienden si nadie las explica.  

Ese tipo de fisuras no siempre indican que el trabajo no se haya hecho; indican que el sistema documental no lo sostiene bien.  

Y en auditoría, eso pesa mucho porque los requisitos de IFA y GRASP se verifican a través de principios, criterios y evidencias objetivas.  

Cuando esto ocurre, el responsable de calidad suele entrar en modo reacción. Empieza a buscar documentos, a reconstruir semanas atrás y a pedir a varias personas que “pongan al día” carpetas que llevan tiempo sin una revisión real.  

El problema es que una documentación rehecha deprisa casi siempre deja huella.  

Por eso, antes de auditar, conviene revisar si cada registro clave responde bien a tres preguntas muy simples: qué se hizo, cuándo se hizo y quién puede demostrarlo sin contradicciones. 

Trazabilidad débil: el problema aparece cuando el lote no se puede seguir con claridad 

La trazabilidad suele dar una falsa sensación de seguridad. Muchas empresas creen que la tienen controlada porque manejan lotes, etiquetas y entradas y salidas.  

Pero una cosa es mover producto con cierta lógica interna y otra muy distinta es poder reconstruir sin vacíos el recorrido de un lote desde origen hasta expedición, y viceversa, con todos los documentos alineados.  

Ahí es donde una auditoría se vuelve especialmente exigente. IFA sitúa la trazabilidad dentro del corazón del sistema de aseguramiento, y el propio enfoque de Intasa la coloca como uno de los ejes de su consultoría y de su acompañamiento a empresas agroalimentarias.  

Cuando la trazabilidad es débil, no siempre se ve en el primer vistazo. Se descubre cuando se pide una prueba hacia atrás, cuando se compara un registro de campo con uno de recepción o cuando un documento de expedición no encaja del todo con lo que reflejan otros soportes.  

En ese momento la tensión sube porque el auditor ya no está viendo un error puntual, sino una posible debilidad del sistema. Y eso cambia el tono de toda la auditoría. 

Formación insuficiente: no basta con formar, hay que poder evidenciarlo bien 

Otro freno muy habitual aparece en la formación. Muchas empresas sí forman a su personal, pero no siempre convierten esa formación en una evidencia robusta. A veces se conserva solo una firma de asistencia.  

Otras veces el contenido impartido es tan genérico que no sirve para demostrar que el trabajador recibió una instrucción útil para su puesto.  

Y, en otras ocasiones, se nota que el procedimiento dice una cosa pero el equipo en planta responde otra distinta cuando se le pregunta. Eso hace pensar que la formación existe en el papel, pero no está bien implantada.  

En este punto conviene ser honestos. La formación no debería prepararse solo para “enseñarla” el día de la auditoría.  

Debería ayudar a que la operativa se haga mejor cada día. Cuando ese enfoque está bien trabajado, la auditoría lo nota: los registros cuadran, el personal entiende su función y las respuestas no suenan memorizadas, sino naturales. 

GRASP mal documentado: cuando la parte social está hecha a medias o mal soportada 

La parte social sigue generando muchas dudas porque obliga a mirar más allá del documento clásico de calidad.  

GRASP v2 añade 68 principios y criterios adicionales sobre salud, seguridad y bienestar de los trabajadores, y su metodología se apoya además en la clasificación de riesgo país y en guías de interpretación nacional.  

Dicho de una forma sencilla: no basta con tener “algo” archivado. Hay que demostrar adecuadamente representación, comunicación, condiciones, mecanismos y evidencias sociales con el nivel de soporte que toca.  

Aquí se atascan muchas empresas porque creen que la parte social se resuelve con un par de carpetas laborales. Y no. Lo que suele bloquear es la falta de coherencia entre lo que la organización dice que hace y lo que realmente puede demostrar.  

Por ejemplo, la representación de los trabajadores puede estar mal formalizada, la información al personal no quedar bien acreditada, o la documentación estar repartida entre asesoría, administración y calidad sin un hilo conductor claro.  

Cuando pasa eso, el problema no es solo documental: es que nadie tiene una visión completa. 

Cómo detectar estos fallos antes de que te los señale el auditor 

La mejor forma de llegar preparado es dejar de mirar el sistema como una suma de papeles y empezar a revisarlo como un recorrido real. Nosotros solemos plantearlo así:  

Si mañana entra el auditor y te pide seguir un lote, validar una formación o comprobar una evidencia GRASP,  

  • ¿Quién abre la carpeta correcta,  
  • ¿Quién explica el proceso?  
  • ¿Qué documento cierra la duda sin generar otra?  

Si esa respuesta depende demasiado de una sola persona o de “buscarlo con tiempo”, hay trabajo pendiente.  

Qué revisar en campo, en almacén y en oficina para tener una visión real 

En campo conviene comprobar que los registros existen, pero también que se entienden y que responden al ritmo real de trabajo.  

En almacén hay que revisar que la identificación, las entradas, los movimientos y las salidas mantengan lógica entre sí. Y en oficina toca mirar el sistema completo, no solo si los documentos están guardados.  

Cuando una auditoría se prepara bien, estas tres capas se revisan juntas, porque el fallo casi nunca nace y muere en un único departamento. 

Qué documentos deben coincidir entre sí para evitar incoherencias 

Este punto es más importante de lo que parece. Un registro aislado puede parecer correcto, pero al cruzarlo con otro puede abrir una no conformidad. Por eso conviene revisar relaciones, no solo papeles sueltos.  

Lo que se declara en procedimiento debe verse en registros. Lo que aparece en formación debe sostener lo que el operario hace. Lo que figura en trazabilidad debe coincidir con producción y expedición.  

Y lo que se defiende en GRASP debe estar respaldado por documentación y por una operativa reconocible. 

Qué señales indican que no estás ante un fallo aislado, sino ante un problema de sistema 

Cuando un error se repite en distintos formatos, en distintos periodos o en distintas áreas, ya no estamos ante un descuido puntual. Estamos ante una debilidad del sistema.  

Esa es la clase de señal que conviene detectar antes de la visita. Porque un fallo puntual se corrige. Un patrón de fallos exige rediseñar cómo se controla, quién revisa y cómo se documenta. 

Lista de verificación previa a auditoría de global gap y GRASP 

Antes de la auditoría, lo más útil no es intentar repasarlo todo al mismo nivel. Lo útil es concentrarse en aquello que más frena una evaluación. Primero, revisen si la documentación básica está cerrada, actualizada y accesible.  

No solo archivada. Cerrada significa que no deja cabos sueltos; actualizada significa que responde a la versión de sistema que hoy tienen en funcionamiento; accesible significa que quien vaya a defenderla sabe localizarla y explicarla. 

Control documental básico que deberías tener cerrado antes de la auditoría 

En esta revisión previa, el foco debería ponerse en procedimientos vivos, registros críticos completos, revisiones internas hechas y correcciones bien documentadas.  

Si la empresa ya ha detectado incidencias en meses anteriores, también conviene comprobar que la acción correctiva no se quedó a medias. 

Un sistema maduro no es el que no falla nunca, sino el que detecta, corrige y deja evidencia suficiente de que ha aprendido del fallo.  

Ese enfoque encaja directamente con la auditoría interna y el seguimiento que Intasa plantea en sus servicios de acompañamiento.  

Puntos críticos de trazabilidad y registros que conviene comprobar uno a uno

En trazabilidad, la comprobación previa debería ser casi una prueba de estrés. Elegir un lote, seguirlo hacia atrás, volver hacia delante y confirmar que cada paso tiene soporte documental claro.  

Si en ese ejercicio aparece una duda, una incongruencia o una dependencia excesiva de memoria verbal, ahí hay una señal seria. No hace falta esperar al auditor para descubrirlo. 

Revisión previa de formación y evidencias sociales GRASP 

En formación y GRASP conviene entrar con mirada crítica. No se trata solo de ver si hay carpetas, sino de comprobar si las evidencias cuentan bien la historia.  

  • ¿Se entiende qué formación recibió cada perfil y por qué?  
  • ¿Se puede demostrar información al personal, representación y soporte de la parte social de forma coherente?  
  • ¿La documentación está integrada o fragmentada entre varios interlocutores?  

Este es uno de los puntos donde más valor aporta una revisión externa con criterio, porque detecta huecos que internamente ya se han normalizado.  

Acciones en 30 días para llegar preparado a una auditoría 

Cuando la auditoría está relativamente cerca, lo peor que se puede hacer es intentar arreglarlo todo a la vez. Lo que funciona es un plan corto, bien priorizado y con responsables claros. 

Semana 1: diagnóstico inicial para detectar brechas reales 

La primera semana debería dedicarse a ver la foto real, no la foto deseada. Aquí conviene revisar documentación, hacer cruces de trazabilidad, identificar registros débiles y poner nombre a las áreas de mayor riesgo.  

En Intasa este punto tiene mucho sentido como diagnóstico inicial, porque permite separar lo urgente de lo importante y dejar de trabajar a ciegas.  

Semana 2: implantación o ajuste de procedimientos que hoy están flojos 

Una vez detectadas las brechas, la segunda semana debe centrarse en ajustar el sistema. A veces eso supone crear un procedimiento que faltaba.  

Otras veces, simplificar uno que existía pero nadie seguía bien. En ambos casos, el objetivo no es “tener más papeles”, sino conseguir que la operativa y la documentación hablen el mismo idioma. 

Semana 3: orden documental, cierre de registros y refuerzo de evidencias 

La tercera semana es la del cierre fino. Aquí toca revisar documentos pendientes, completar soportes, ordenar carpetas, validar que no haya contradicciones entre áreas y reforzar especialmente trazabilidad, formación y GRASP.  

No es una fase menor: es el momento en que muchas empresas descubren que el problema no era la falta de trabajo, sino la falta de estructura. 

Semana 4: simulacro de auditoría y corrección final antes de la visita 

La cuarta semana debería parecerse lo máximo posible a la auditoría real. Un simulacro bien hecho obliga a la empresa a contestar, mostrar y defender el sistema sin parapetarse en la excusa de “esto luego lo buscamos”.  

En Intasa ese acompañamiento tiene mucho valor porque la auditoría interna no se queda en detectar fallos: ayuda a corregirlos y a llegar a la certificación con mucha más seguridad.  

Señales claras de que necesitas soporte profesional antes de auditarte 

Hay una señal muy clara: cuando la documentación depende de una sola persona. Si todo pasa por alguien que “lo sabe todo”, el sistema es frágil. Otra señal aparece cuando los registros existen, pero nadie está tranquilo al cruzarlos.  

También conviene pedir ayuda cuando la parte social GRASP genera inseguridad, cuando la trazabilidad no se ha probado de forma seria o cuando el equipo siente que está llegando a auditoría apagando fuegos en vez de controlar el proceso.  

En esos escenarios, el acompañamiento técnico suele ahorrar tiempo, tensión y no conformidades evitables.  

Cómo acompaña Intasa a una empresa que quiere preparar bien su auditoría 

Hay empresas que pueden avanzar bastante solas durante un tiempo. Pero cuando la auditoría se acerca y hay dudas reales, lo más eficaz suele ser trabajar con un acompañamiento técnico que ayude a mirar el sistema con distancia. 

Intasa se presenta precisamente como una consultoría técnica especializada en implantación de protocolos de calidad y seguridad alimentaria, trazabilidad y sostenibilidad, con un enfoque práctico y adaptado a la realidad de cada negocio.  

Diagnóstico inicial para saber dónde está el riesgo de verdad 

El primer valor del soporte profesional es que deja de lado las intuiciones y pone foco en evidencias. Muchas empresas creen que su mayor riesgo está en un punto y descubren que estaba en otro completamente distinto. 

Implantación de procedimientos para que la operativa y la documentación hablen el mismo idioma 

El segundo valor está en ordenar el sistema. No para llenarlo de complejidad, sino para hacerlo más claro, más defendible y más fácil de mantener en el tiempo. 

Control documental continuo para no llegar a auditoría improvisando 

El tercero es el seguimiento. Porque una auditoría no se gana solo el mes anterior. Se prepara mejor cuando hay control documental continuo y revisión periódica, algo que Intasa también plantea como parte de su mantenimiento y seguimiento de protocolos. 

Simulacro de auditoría para corregir antes de jugarte la certificación 

Y el cuarto es la simulación realista. Ahí es donde se ve si el sistema está de verdad preparado o solo aparenta estarlo. 

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